Pero la 79 edición de los Oscar no se ha distinguido, precisamente, por teñirse con los colores españoles. El seguimiento de los medios de comunicación ha sido espectacular. Los hasta ahora tradicionales pronósticos, se han convertido ya en parada obligatoria para todos los medios con sección especializada. Nadie ha dejado pasar la oportunidad de ensalzar las virtudes de las productoras españolas.
La opción más sólida, por tradición e historia, parecía la de Fesser. Pero los hechos, y los críticos, demostraban todo lo contrario. Los elogios que recibía la obra de Cobeaga permitían a los entusiastas españoles soñar con un nuevo Oscar en nuestra corta, pero intensa, colección nacional.
Finalmente el galardón se lo llevó West bank history. El cortometraje musical había triunfado en los certámenes previos a la gran gala. Las esperanzas españolas se mantenían intactas en el momento del “and the Oscar is go to...”, pero la finalmente ganadora tenía el mayor número de opciones posibles. Justo o no, España no tiene nada de lo que arrepentirse. La línea de los cortometrajes nacionales es ascendente. Muy ascendente. La promoción de nuestras obras va ‘viento en popa a toda vela’ y pocos quedan en el mundo, si es que aún queda alguno, que no tenga a nuestros cineastas como referentes en el género.
La participación española en los Oscar se culminaba con dos nominaciones en la categoría de Mejor Cortometraje. Javier Fesser se enfrentaba a su gran oportunidad de conseguir el galardón cinematográfico por excelencia. Binta y la gran idea era su propuesta. Entre sus competidores se encontraba otro español, Borja Cobeaga, que optaba a la estatuilla con Éramos pocos. Helmer & Son, The Saviour y West bank History completaban la lista de candidatos.
Pedro Torregrosa
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