Los tiempos cambian. El cine también. Y el español, en concreto, no es una excepción. El papel de la mujer en la vida cotidiana ha dado un giro importante en los últimos años. Hoy en día ocupa puestos de responsabilidad y, aunque sea poco a poco, está reduciendo las desigualdades que existen para encontrar trabajo.

    La relevancia de las féminas en todas las facetas de la sociedad es una evidencia. Las asociaciones feministas reivindican para la mujer día sí y día también unos derechos que les pertenecen. Y lo hacen sin olvidar la perspectiva histórica, sin dejar a un lado los antecedentes. Pero los precedentes también están cargados de hazañas. Una de ellas es la que retrata Ray Loriga.

      El director madrileño retrata la vida y “milagros” de una transgresora: Teresa de Cepeda y Ahumada. Una mujer que se negó a ser la madre y esposa prototípica de su tiempo (siglo XVI), y que buscó y encontró el camino de su fe en la ruptura de moldes. Era un bicho raro de la época. Como lo son ahora quienes pretenden introducir cambios en las rutinas diarias. Y así pasó de rebelde a Santa. Eso sí, 388 años después.

        Su conducta fue devota y sacrificada. Arriesgada. Cuatrocientos veinticinco años después de su muerte (falleció en 1582), Loriga ha llevado su historia al cine. La Iglesia y los críticos le han despellejado incluso antes de que se exponga ‘en los mejores cines’. El problema viene de escenas subidas de tono según el parecer de algunos.

          El director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española, Juan Orellana, no ha dudado en criticarlo. Cree que la relación de Teresa con Cristo es excesivamente carnal. En cualquier caso el cine es una vía de opinión y expresión. Loriga conoce bien el lenguaje de la gran pantalla, sus secretos y cuáles son sus mejores armas. Las españolas Paz Vega y Leonor Watling han sido las escogidas para dar vida a una Historia que, aún pasada, encuentra en la actualidad toda su esencia.

            Pedro Torregrosa